lunes, 27 de julio de 2009

ESCENA DE AMOR EN LA ESTACIÓN

Llamas para avisar que el tren va con retraso,
el tiempo parece esquivar mis sueños.

Las nubes planean sobre la tarde
y el sol entreteje las vías
con hilos de lana blanca.
Tengo tantas ganas de verte
que casi olvido la falta que me hacías.

Espero en unos de esos bancos metálicos
que flanquean el foso de los trenes.
Nunca terminas de llegar
mientras el enorme reloj de la entrada
marca los segundos que aún me apartan de ti.

A lo lejos surge el tren lentamente,
la sirena vomita sus últimos jadeos
abriéndose paso entre las cortinas del aire.
Falta tan poco. Durante un instante pienso
que has podido bajar en otra parada
y un pájaro negro picotea mis huesos.
Escudriño ávidamente las ventanas
hasta que tu rostro quiebra la niebla del cristal.
Sonríes, te sonrío,
que sencillo ser feliz.
Ya juntos cruzamos unas palabras
y nos alejamos entre la gente:
- ¿has tenido buen viaje?
- Sí, ahora que he llegado.

lunes, 13 de julio de 2009

El Periodismo

Cada vez me fío menos de los periódicos. Tratan de engañarnos con su visión absoluta de la realidad, con sus agudísimas opiniones sobre el mundanal ruido, pero totalmente alejados de la rutina cotidiana de cualquier ciudadano. Esta aseveración la realizo después de quedar totalmente asombrado por la cobertura de ciertas noticias abordadas por el periodismo actual.

La primera, a nivel local, extraída del periódico “Úbeda Información”. En los últimos fechas se dedicaron a reflejar a toda página los reproches que políticos de IU lanzaban sobre el ayuntamiento en relación a un problema sobre el vertedero. Y en esa misma página, en un reducidísimo faldón en la esquina derecha informaban sobre una redada de grandísimas dimensiones que se había realizado en la ciudad, tras la que se detuvieron a 12 personas y se incautaron no sé cuantos kilos de droga y armas.

Claro, uno lee estas cosas y piensa que es debido al localismo exacerbado imperante en los pueblos. Sin embargo, en “El País”, periódico de tirada nacional, durante esta semana he leído en dos días consecutivos el tinglado que se ha formado por una denuncia interpuesta debido al volumen excesivo de las campanas de la catedral de Jaén. Por un lado, atendieron a las reacciones de la alcaldía y, al día siguiente, la respuesta del partido de la oposición. Yo no desprecio el sufrimiento insufrible, valga la redundancia, de la persona que tenga que soportar el tañido de las campanas, pero mi objeción va en otro sentido: verdaderamente, ¿la noticia más importante ocurrida en Jaén es la del repique del campanario de la catedral, que además era la única?.

He señalado la postura de dos periódicos, pero no creo que el resto mantenga una filosofía muy distinta a lo ya expuesto. En fin, no entiendo nada, y menos voy a entender leyendo periódicos sesgados y ridículos.

jueves, 2 de julio de 2009

EL CAUDAL

Habitualmente no prestamos atención al paso del tiempo, imperceptible como un susurro o el parpadeo inapresable de los ojos. Y cuando llega la hora de acostarse compruebo que el día se me ha volatizado entre las manos después de la sucesión repetitiva de ruidos, quehaceres, dilemas y lances insignificantes que almaceno en la alforja de la memoria.

Entonces me precipito sin rumbo hacia un nuevo día, atravesando el umbral de la noche transportado hacia el futuro con forma de boca de lobo, hacia un lugar donde ni siquiera tengo la seguridad de que existan las estrellas. Entrar en la estancia de los delirios esta madrugada, descubrir la pátina de azar que cubre las nubes, averiguar si estará nublado o será una jornada luminosa, si tropezaré con algún obstáculo, si salvaré algún recuerdo de las profundidades del olvido o si una teja reventará en mi cabeza, es mi única e insustituible tarea. La noche es silenciosa. Estoy solo y abrumado ante el goteo que no cesa, los brochazos de vida que acarician nuestra piel.

Y pese a todo, contento y tranquilo, qué paradojas tiene la vida. Yo utilizo un método para soportar el mundo; zambullirme en el caudal de las cosas, habitar la tierra como si estuviera embarcado en una piragua zigzagueante que cortara el agua de los días, aguantando los mínimos dramas que nos asaltan, atreviéndome a saborear el amanecer silencioso que brota en los objetos cotidianos, los acontecimientos que tuercen el sendero de las olas, los cuentos que nos mienten, la realidad que rompe los caminos como un embalse niega el horizonte. La vida es una huida suicida hacia la muerte, y no hay vuelta atrás. Da igual el fin insignificante; el ser humano tiene la enorme capacidad de no morir cada día, de adaptarse a la pesadumbre, a la confusión, al absurdo, y para ello, se engaña a sí mismo soñando con la inmortalidad que flota en la sonrisa de un hijo o en la mirada del ser amado.

martes, 23 de junio de 2009

el Festival de Musica de cine

En menos de un mes se celebra en Úbeda el “V Festival Internacional de Música de Cine ciudad de Úbeda” (del 16 al 19 de julio). Muchos de vosotros habréis oído hablar del mismo, si no, podéis encontrar información en la web www.bsospirit.com .Es uno de esos eventos que pasan desapercibidos al conjunto de la población pero que reúne todas las características de un acontecimiento de extraordinario nivel, y en especial, de extraordinaria relevancia musical. Puede que la cita esté dirigida en parte a ese colectivo llamado “friki”, subido a un pedestal en estos últimos tiempos, como los únicos baluartes de la cultura imperante (comics, video juegos, películas de comics, películas de video juegos...). No obstante, yo me dirijo a cualquier persona que disfrute del arte en toda su extensión. Allí podrán disfrutar de la presencia de un increíble elenco de artistas y profesionales dedicados a la música de cine, y más aún, tendrán la oportunidad de disfrutar de unas jornadas con múltiples actividades que van desde la compra de discos hasta la firma de autógrafos por los compositores pasando por conferencias y comidas a las que acuden los asistentes al Festival y los propios músicos. Mención aparte merece el concierto ofrecido por una orquesta sinfónica y un coro en un entorno tan especial como el patio del Hospital de Santiago, en el que se interpretan temas de los distintos artistas dirigidos por los propios invitados venidos de todas las partes del mundo. En fin, os cuento todo esto y parece imposible que ocurra en la provincia de Jaén, en las tierras perdidas entre olivos. Sin embargo, a mí me parece más inaudito que no tenga la transcendencia que merece, siendo uno de los hitos de gran valor cultural que se dan durante todo el año en nuestra provincia .

sábado, 13 de junio de 2009

El tranvía

No llego a entender la necesidad que tienen los políticos de alterar el paisaje de las ciudades en las que gobiernan por encima de todo, dejando su sello como un intento de trascender cuando ellos ya no estén para que todo el mundo los recuerde. Estos atropellos que se cometen en muchas de las calles y avenidas de este país pueden deberse también a una forma de innovar, de ser más moderno que los otros, sin medir las consecuencias de sus actos, sin esa pizca de reflexión ni consideración con los ciudadanos que les otorgaron su confianza en las elecciones.

Ese es el caso de Jaén. La alcaldesa prometió construir un tranvía en una de esas promesas rimbombantes y sin sentido a las que son muy dados los candidatos, recibida con escepticismo por la mayoría de los electores. Claro, la gente pensaba que no podía ir en serio, una capital pequeña, con un tráfico asfixiante, planteaba otros problemas que urgían de la intervención de la alcaldía; por ejemplo, mejorar el servicio de autobuses urbanos que nadie soporta o mejorar de una vez por todas el tráfico para que no parezca que estamos en la quinta avenida de Nueva York. Pues nada, ni corta ni perezosa, ha pasado olímpicamente de estas demandas y ha acometido tan vasta obra. Y ahora, en mitad del caos provocado por las obras de acondicionamiento del entramado por donde transitará el tranvía, nos encontramos con el dilema de la tala de árboles irremediable en el centro urbano, el Paseo de la Estación, una de las arterias principales de la ciudad, la única que reúne cierto encanto por la sombra que expanden los plataneros situados a cada flanco de la avenida.

Pues el despiporre ya está servido. Nadie había estimado que habría que arrancar estos árboles que llevan más de cincuenta años formando parte de la estampa popular de Jaén, con lo que se le ha servido en bandeja de plata a la oposición para que lo utilice como arma arrojadiza. El caso es que mientras los políticos se enfangan en sus discusiones vacuas, los que padecemos las consecuencias del problema o los que sufriremos las secuelas de tan magna construcción somos los ciudadanos. Habría que movilizarse contra esta aberración, mandar un mensaje de lucidez a ese puñado de personajillos que pululan por el ayuntamiento porque cuando los arranquen será demasiado tarde. Lo más triste del asunto es que al final no habrá remedio. Las obras ya se han iniciado, y cuando estén a punto de finalizar dirán que a lo mejor se podría haber hecho de otra manera, pero que ahora es inevitable el delito, o lo realizarán a escondidas por la noche como hicieron con la Plaza de Coca de la Piñera los del PP y así no tener testigos. Y dentro de varios años miraremos con pena y rabia la ciudad mientras el tranvía, que pintarán de color verde, surcará las avenidas como un comecocos que todo lo devora.

lunes, 25 de mayo de 2009

No puedo con Leire

“No puedo con Leire Pajín”. Me repito esta frase cada vez que la veo en la tele. No sé de donde proviene este rechazo hacia la portavoz del partido socialista, si es alguna reacción alérgica impresa en mi ADN, pero no tiene explicación racional; es un sentimiento visceral. Imaginaos hasta qué límite llega mi rechazo, que estaba pensando en montar un foro anti-Leire, sin embargo, la sangre no ha llegado al río, ya qué tampoco he tenido el gusto de hablar con ella, sino que mi repulsa se focaliza en lo que representa el personaje.

Después de pensar en todo esto creo haber llegado a una conclusión que justifica mi reflejo. Creo que de entrada, nada más aparecer en pantalla, parece un guiñol de sí misma. Y allí, en mitad del escenario político, siempre redundante, se pone a farfullar frases enlatadas a diestro y siniestro, topicazos que ni ella se cree, como si fuera un papagayo. Luego adopta esa actitud de reproche sistemático, con el labio torcido, como si estuviese a punto de liarse a pegar mordiscos, a lanzar puyas al contrario sin ton ni son, sin decir nada positivo. La miro fijamente y no me genera ningún sentimiento de confianza.

En fin, puede que me haya contagiado de algún virus que provoque este brote de antagonismo pajinero, y eso que soy de izquierdas. El caso es que si ella representa la cantera que ha de dirigir el futuro PSOE, conmigo que no cuenten.

domingo, 17 de mayo de 2009

Las enseñanzas del enebro

Estando de vacaciones en Huelva acudí a una visita guiada por el Coto de Doñana. La intención era realizar alguna actividad que no fuese estar tumbado en la playa y beber cerveza. De este modo, dedicamos la jornada a realizar una excursión por las entrañas de dicho parque. La experiencia resultó fantástica. Es sorprendente como en una área tan limitada puedan coexistir hasta cuatro ecosistemas distintos.

Durante todo el recorrido el guía, que llevaba más tiempo viviendo allí que los propios linces, iba desgranando curiosidades sobre cómo se transformaba el paraje con el paso de las estaciones, el por qué en las inmediaciones de los eucaliptos no crece ni la mala hierba, los movimientos migratorios de las aves y hasta la importancia de que las marismas se sequen en verano, impidiendo que el agua se corrompa a causa de los excrementos de las aves y no mueran especies marinas autóctonas.

A cada giro del camino descubríamos nuevas hazañas naturales. Aún hoy, y ya han pasado varios años, me asombra la inmensa sabiduría de la naturaleza, la capacidad intrínseca que tiene para destruirse y recomponerse como medio para seguir creciendo y existiendo. El caso es que todo me pareció único, sin embargo, destacaría algo que me impactó sobre manera, el movimiento de las dunas. Anualmente, debido al viento, la arena de la playa avanza tierra adentro varios metros, dejando sepultada bajo tierra toda la vegetación que encuentra a su paso, provocando a su vez, que los animales que allí anidan tengan que desplazarse continuamente. Grabado a fuego vivo está en la esencia del ser vivo el instinto de sobrevivir, no hay alternativa. Por eso, los pinares, víctimas predilectas de las dunas, tratan de evitar el aniquilamiento al que están predestinados. Y lo hacen expandiéndose a los pies de la duna; las piñas que caen de los árboles ya sentenciados son las semillas de los nuevos pinos que salvan la especie, una huida hacia delante que vence a la muerte. Yo tenía los ojos abiertos como platos ante la visión de tal espectáculo. Pero el más grandioso vencedor en aquel escenario donde se batían a duelo las fuerzas de la naturaleza, fue un arbusto insignificante, de no más de dos metros de altura, famoso por sus frutos con los que se elabora la ginebra, el enebro. Me dejo totalmente pasmado. Esta planta se enfrentaba, como si del mismísimo David se tratase, contra un Goliat con forma de feroz nube de arena. Para ello tenía que adaptarse a las circunstancias, ser capaz de retorcer el tronco hasta casi rozar la arena para permitir que las raíces sobresaliesen de la tierra, posibilitando que la arena atravesase las rendijas abiertas entre las ramificaciones del enebro, librándose de quedar enterrado.

Al finalizar el trayecto me alejé de allí reflexionando sobre cuánto tenemos que aprender los humanos de la naturaleza; ser capaces de adaptarnos al medio, retorcernos como el enebro para rentabilizar nuestras cualidades, buscar alternativas, rehacer el maltrecho camino que no conduce a ningún lugar alumbrándolo de esperanza, y persistir y persistir para que las adversidades, los fracasos, el implacable paso del tiempo no trunquen nuestro paso confuso por el mundo, y así, optimistas, sacar pecho frente a la zozobra que maniata el ansia de vivir.

"Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca" JOSÉ HIERRO