lunes, 7 de junio de 2010

Alicia y mi niño

Todos nos hacemos adultos antes o después. Es como un veneno que se va metiendo en la carne, en los huesos y en el alma, hasta que poco a poco nos convierte en piedra, nos roba la ingenuidad, la capacidad de sorpresa, el esplendor de las cosas sencillas. Sin embargo, siempre hay momentos en los que ese niño que está atrapado en nuestro interior puede escapar por cualquier rendija. Y digo esto porque el viernes pasado después de ver "Alicia", la película de Tim Burton, ese niño que dormitaba en mi cabeza se largó por detras de la pantalla blanca del cine.
Merece la pena esta cinta que despliega imaginación por los cuatro costados, consigue que veamos las cosas reales, lo tangible, lo monótono, desde un prisma más próximo a la fantasía. La relectura de esta historia más que conocida tiene encanto. Nos devuelve, desde una mirada adulta, a un tiempo perdido, y nos muestra a unos personajes encantadores, desplazados por ese mismo tiempo, su agotamiento, mientras esperan que se cumpla su sueño en el cuerpo (voluble) de Alicia. Luego está la capacidad asombrosa que posee Tim Burton de crear imágenes tan alucinantes que te dejan embobado, y unas buenas interpretaciones que hacen el resto. Sólo decir, como rémora, que el avance de la película es un tanto soso, qué se le va hacer, siempre hay que sacarle puntilla a lo verdaderamente bueno. En fin, no dejeis pasar esta estupenda peli, que yo voy a la calle a buscar a mi niño que estará jugando con las canicas.

jueves, 13 de mayo de 2010

Recomendación cinéfila

De vez en cuando hay que ver alguna película mala, no por masoquismo cinéfilo ni por alguna promesa hecha de rodillas frente al televisor a Stallone, sino para que cuando veamos una de las buenas la disfrutemos con toda el alma. Digo esto porque el otro día me zanpé una de esas cintas cansinas e insulsas, donde lo más reseñable son los topicazos que tanto gustan al cine de Hollywood. La causa de mi desaliento se titulaba "Regreso al infierno", que protagonizaba Samuel L Jackson y Jessica Biel. Relataba la historia de varios soldados que al regresar a sus hogares descubren que la vuelta a la rutina cotidiana era peor infierno que la lluvia de las balas. Y mira que la intención del director era loable, sin embargo, no conducía a ningún sitio, el mensaje se diluía en unas imágenes sin talento, en definitiva, un fiasco creativo total.

Pasados unos días me encontré con la tesitura de qué película poner. Rebusque en el almacén de descargas de internet, y entre las que tenía claro que eran un completo aburrimiento y las que había bajado con una calidad ínfima, no sabía cuál elegir. Entonces fue cuando me acordé del rollo visto días antes, y así, como imbuido por condicionamiento operante o por un arrebato de cordura, decidí ver un auténtico peliculón aunque la hubiese visto varias veces. Así que, ni corto ni perezoso, disfrute como un enano viendo "El secreto de sus ojos". y entonces, sentado en mi sofa, como por arte de magia, se cumplieron todos mis deseos: saboree el guión, me emocioné con los actores, los diálogos, la música..., me evadí y me entretuve con esa hermosa historia durante dos horas. Al finalizar los títulos de crédito, me acosté sabiendo que había merecido la pena el día. No lo olvideis, dejaros de ver rollos pateros, tipo ñoñería romántica, explosiones de algún video juego o catastrofes varias.



En los

martes, 20 de abril de 2010

AQUELLA NOCHE

Quédate conmigo, dijo con voz arenosa,
y vio más alla de las paredes
un océano abierto a toda esperanza.
Tocó su piel sin premura,
como si pisara una alfombra de agua
que no quisiera estropear.
En ese instante todo callaba;
las sabanas, las estrellas, la historia...

Los dos últimos náufragos
en una isla de carne.

Entraron el uno en el otro
y dejaron de existir.

Pasaron fugaces las horas,
que lacerantes como una tierna droga
se incrustaba suavemente en sus venas.

En el tibio alumbramiento de la mañana,
todavía ausentes, los mecía
un rumor de constelaciones en los labios.
Nada se oía en las afueras del dormitorio,
la consciencia parecía una montaña
de inválidas cenizas
esparcidas en una gran noche a la deriva.

Como una alucinación,
como una reverberación espasmódica
de luciérnagas presas en el pozo de la lujuria
sentían que perdían la pureza vivida.

Cada uno tomó su camino
a lomos de sus huesos efímeros,
y de nuevo simples mortales
regresaron derrotados a sus quehaceres.

sábado, 27 de marzo de 2010

Una aventura cotidiana

En las cosas cotidianas se encuentra lo extraordinario. No solemos darnos cuenta de esto debido a que vivimos sin mesura, atrapados por la prisa y tlas exigencias. Buceando un poco extraeremos grandes maravillas de un gesto, de los actos inconscientes, rutinarios. Una de esas actividades insulsas pero siempre gozosas es pasear de noche por la ciudad. Desde muy pequeño, pasado el atardecer, aprovechaba para regresar pausadamente a mi casa, saboreando el aire silencioso que lamía las calles. Me fijaba en las idas y venidas de mi sombra al compás de las farolas en las aceras, miraba detenidamente las señoriales casas de piedra levantadas en los barrios viejos, imaginaba que en sus aposentos fantasmas de antiguos soldados descansaban sus maltrechos huesos. Entonces, me dedicaba al ensoñamiento y visualizaba cómo serían las cosas en el futuro, analizaba los pros y contras de todo lo mundano y lo divino, en fin, trataba de aclarar las dudas propias del momento, pero jamas cundía la angustía o el miedo, era un trayecto libre de preocupaciones, como si la quietud del cielo pudiese protegerme de las inclemencias que me estuviesen preparadas; disfrutaba de estar solo en el mundo, no os imaginais lo curativa que resulta la soledad cuando es bien recibida. Cualquier cosa tenía valor; pasar delante de escaparates anónimos que nada mostraban, tan sólo una luz descuidada que alfombraba de color la calle, o encontrarme con algún conocido al que saludaba cordialmente con un leve giro de cabeza. Era un íntimo ritual que consistía solamente en un andar vagabundo y sin pretensiones, llenándome de tiempo, siendo consciente de lo fugaz del momento. En ocasiones sólo basta con pararse y respirar profundamente para sentirse bien, para comprender que esto merece la pena. Finalmente llegaba a mi casa donde me esperaban las tareas aplazadas del día, subía las escaleras y me iba directamente al balcón; asomado a la calle, extrañamente feliz, los arboles inquietos abrían sus ramas y casi me abrazaban la mirada.

jueves, 4 de marzo de 2010

Si esto es una familia

Buscando en la Real Academia de la lengua la definición de familia dice así: es el grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas. ¿Qué quiere decir con eso de emparentadas? Viene a constituirse como el fundamento básico de la misma, y se refiere a que los miembros de dicha institución son afines entre sí, comparten unos códigos de conducta y un papel que los identifica ante ellos y ante los demás como piezas de un entramado propio, les otorga identidad, pertenecientes a un momento y a un lugar. Y porqué esta introducción, preguntareis. Pues el caso es que a lo largo de los años la iglesia, el conservadurismo representado por el PP más rancio, los reaccionarios, se autodesignaron cómo los encargados de velar por una sociedad sana a traves de la adhesión única a los valores tradicionales. Esto ha llevado a transmitir una visión reducida de lo qué es una familia, despreciando todo aquel modelo que no se atuviese a los principios meramente católicos.

En estos tiempos de cambios estructurales en la sociedad, como pueda ser el acceso pleno de la mujer al mercado laboral, las separaciones cada vez más accesibles, la aparición de núcleos familiares más diversos... hacen que sea necesario una refundación del concepto de familia. Y para evitar que las voces que defienden este ideal ancestral no hagan un alegato en contra del resto, como si fuesen de segunda división, como si fuesen los destructores de la esencia familiar, es imprescindible que todas aquellos hogares formados por ateos, personas solas, los que pasan de la religión, divorciados, homosexuales, etc., reclamen su lugar y sean igualmente reconocidos.

Hay que decirlo claramente y a voz en cuello. Nada de esto es cómo nos lo pintan, hay que pararlo. No puede ser que la familia sólo sea propiedad de unos cuantos y el resto no cuente. Son miles y miles las que sin estar encuadradas en el modelo típico, con dinámicas de convivencia poco convencionales, transmiten los mismos u otros valores fundamentales para que sus miembros, y en especial los más pequeños, se vean reconocidos e integrados en esta sociedad en ocasiones tan injusta, desarrollándose en un entorno de confianza y formándose como personas autónomas, felices y maduras.

viernes, 19 de febrero de 2010

LA PAREJA

No podía retrasar más la decisión. El tren partía en diez minutos y Fabián le había pedido que se quedará con él para siempre. No le prometía grandes cosas, sólo una vida entera. Ella temblaba en el andén mientras agarraba fuertemente sus manos y el ruido de la estación crecía y menguaba sin cesar. Miraba la ventanilla del vagon asignado, e inmediatamente, se hundía en los ojos encendidos de Fabián. Tenía que volver, se decía; su vida estaba en España, en la casa que acababa de comprar en la costa y dónde le esperaba su familia, marido y dos hijos. Después de tanto luchar, de cientos de horas solitarias esperando un destino propicio, ahora surgía la felicidad inesperada, la plenitud absoluta materializada en aquel hombre. A Fabian le enfurecía la indecisión de Marga, no entendía por qué tantas dudas, su convicción era indestructible y siempre que tomaba una decisión moría con ella. Sin embargo, estaba paralizado, zarandeado por el humo de los trenes que correteaba a ras de suelo, vencido por aquella mujer dulce e hipnótica, a merced de unas palabras que nunca terminaban de llegar, me quedo contigo. Los segundos pasaban veloces, pero a la vez, el instante parecía suspendido en el aire, como en una burbuja que los aislase del trajin del mundo. Él sintió como las manos de ella huían de su piel, y Marga desapareció sin más, como perdida en un sueño que no supo retener. Todo había terminado, vidas cruzadas que se dirigían a otros destinos. Pasó el tiempo y, aunque ellos no volvieron a encontrarse jamás, se sabe que los dos enloquecieron, y raro fue el día que no regresaron a la moribunda estación para sentirse vivos.

domingo, 14 de febrero de 2010

Soñando

Otro semana que se va, otra capa de olvido que añadir a una memoria cada vez más llena. Veloces surgen los pensamientos que buscan el asidero de un sueño o una esperanza que nos catapulta libres a un mañana que aún no ha nacido, montados sobre la imaginación invencible que habita nuestro ser, tranquilos y aliviados porque siempre tendremos un refugio que atenúe los pinchazos de dolor que, con tanta saña, alumbra la existencia. De este modo, pasamos los días millones y millones de personas, andando por las calles ajenos a la suciedad y pesadez que soportan los cuerpos, poblando nuestra conciencia de una mágica irrealidad, como personajes de un teatro que se representa entre bambalinas. Construimos escenarios más propicios para el romanticismo. Así, por ejemplo, algunos caminan hacia su trabajo mientras creen despertar en una cama enorme de un hotel misterioso, o como otros, que cuelgan la ropa humeda en el tendedero del patio a la vez que surcan océanos en un velero de papel. Necesitamos, en ocasiones, apartar la visión de la crudeza que nos rodea, sumirnos en un viaje que no va más allá de la punta del pie, pero que nos hace más soportable la caída, nos limpia el corazón, hace que la tristeza parezca una simple marioneta en manos del guerrero que, con nuestro nombre, esquiva las balas afiladas del presente. A veces, cuando estoy solo en mitad de un parque, o en algún lugar concurrido, en silencio me siento invisible y charlo conmigo sobre cómo sería el mundo si pudiese convertirlo en un cuento, transformar los momentos más dolorosos en notas de una dulce melodía, algo parecido a lo que hizo el protagonista burtoniano de Big Fish con su vida. Fantasear con que todo lo que nos ronde, sea bueno o sea malo, tuviese que pasar por el tamiz de la alucinación para ser real. En cierta manera, sería como obtener una mínima victoria sobre la muerte.

"Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca" JOSÉ HIERRO