No podía retrasar más la decisión. El tren partía en diez minutos y Fabián le había pedido que se quedará con él para siempre. No le prometía grandes cosas, sólo una vida entera. Ella temblaba en el andén mientras agarraba fuertemente sus manos y el ruido de la estación crecía y menguaba sin cesar. Miraba la ventanilla del vagon asignado, e inmediatamente, se hundía en los ojos encendidos de Fabián. Tenía que volver, se decía; su vida estaba en España, en la casa que acababa de comprar en la costa y dónde le esperaba su familia, marido y dos hijos. Después de tanto luchar, de cientos de horas solitarias esperando un destino propicio, ahora surgía la felicidad inesperada, la plenitud absoluta materializada en aquel hombre. A Fabian le enfurecía la indecisión de Marga, no entendía por qué tantas dudas, su convicción era indestructible y siempre que tomaba una decisión moría con ella. Sin embargo, estaba paralizado, zarandeado por el humo de los trenes que correteaba a ras de suelo, vencido por aquella mujer dulce e hipnótica, a merced de unas palabras que nunca terminaban de llegar, me quedo contigo. Los segundos pasaban veloces, pero a la vez, el instante parecía suspendido en el aire, como en una burbuja que los aislase del trajin del mundo. Él sintió como las manos de ella huían de su piel, y Marga desapareció sin más, como perdida en un sueño que no supo retener. Todo había terminado, vidas cruzadas que se dirigían a otros destinos. Pasó el tiempo y, aunque ellos no volvieron a encontrarse jamás, se sabe que los dos enloquecieron, y raro fue el día que no regresaron a la moribunda estación para sentirse vivos.
LAS LUCES A VECES NO ILUMINAN NADA, NO TIENEN DESTINO, VIVEN EN PENUMBRA HASTA QUE UNOS OJOS LAS RESCATAN DEL OLVIDO, IGUAL QUE A NOSOTROS NOS RESCATAN LOS SUEÑOS DE NUESTROS PASOS VAGABUNDOS.
viernes, 19 de febrero de 2010
domingo, 14 de febrero de 2010
Soñando
Otro semana que se va, otra capa de olvido que añadir a una memoria cada vez más llena. Veloces surgen los pensamientos que buscan el asidero de un sueño o una esperanza que nos catapulta libres a un mañana que aún no ha nacido, montados sobre la imaginación invencible que habita nuestro ser, tranquilos y aliviados porque siempre tendremos un refugio que atenúe los pinchazos de dolor que, con tanta saña, alumbra la existencia. De este modo, pasamos los días millones y millones de personas, andando por las calles ajenos a la suciedad y pesadez que soportan los cuerpos, poblando nuestra conciencia de una mágica irrealidad, como personajes de un teatro que se representa entre bambalinas. Construimos escenarios más propicios para el romanticismo. Así, por ejemplo, algunos caminan hacia su trabajo mientras creen despertar en una cama enorme de un hotel misterioso, o como otros, que cuelgan la ropa humeda en el tendedero del patio a la vez que surcan océanos en un velero de papel. Necesitamos, en ocasiones, apartar la visión de la crudeza que nos rodea, sumirnos en un viaje que no va más allá de la punta del pie, pero que nos hace más soportable la caída, nos limpia el corazón, hace que la tristeza parezca una simple marioneta en manos del guerrero que, con nuestro nombre, esquiva las balas afiladas del presente. A veces, cuando estoy solo en mitad de un parque, o en algún lugar concurrido, en silencio me siento invisible y charlo conmigo sobre cómo sería el mundo si pudiese convertirlo en un cuento, transformar los momentos más dolorosos en notas de una dulce melodía, algo parecido a lo que hizo el protagonista burtoniano de Big Fish con su vida. Fantasear con que todo lo que nos ronde, sea bueno o sea malo, tuviese que pasar por el tamiz de la alucinación para ser real. En cierta manera, sería como obtener una mínima victoria sobre la muerte.
martes, 26 de enero de 2010
El terremoto
Se pierden los llantos
que el cielo arrastra en cabalgaduras blancas.
Estoy solo bajo los rayos podridos
que caen sobre esta maldita tierra
a punto de reventar. La realidad
parece briznas de madera
a lomos de un viento iracundo.
Y ahora nada es lo que era;
árboles abiertos en canal como cáscaras de plátano,
aguas amarillentas que tiemblan en su propio seno...
Estoy solo y nada se oye
sobre el ruido metálico de criaturas apocalípticas
que campan a sus anchas por calles sin nombre.
Las gentes huyen hacia ninún lugar,
los parques son infiernos diminutos
y reina un polvo gris que cubre el mundo,
las manos y los ojos.
Estoy solo en este páramo sin mas esperanza que el dolor
y el inquebrantable son de la sangre despavorida.
que el cielo arrastra en cabalgaduras blancas.
Estoy solo bajo los rayos podridos
que caen sobre esta maldita tierra
a punto de reventar. La realidad
parece briznas de madera
a lomos de un viento iracundo.
Y ahora nada es lo que era;
árboles abiertos en canal como cáscaras de plátano,
aguas amarillentas que tiemblan en su propio seno...
Estoy solo y nada se oye
sobre el ruido metálico de criaturas apocalípticas
que campan a sus anchas por calles sin nombre.
Las gentes huyen hacia ninún lugar,
los parques son infiernos diminutos
y reina un polvo gris que cubre el mundo,
las manos y los ojos.
Estoy solo en este páramo sin mas esperanza que el dolor
y el inquebrantable son de la sangre despavorida.
jueves, 21 de enero de 2010
Breve historia de un hombre común
Nací en una habitación de hospital, igual que cualquier hijo de vecino. Era una sala blanca, anónima, parece increíble lo insípido que resulta el blanco y lo que se utiliza en eventos tan importantes. El caso es que de allí me llevaron a casa, la de mis padres, la que siempre consideraré como mía. De aquellos años primeros recuerdo que era un niño muy risueño y juguetón, según me han contado. Curiosamente, de un modo irremediable, siempre tuve un fuerte sentimiento de afecto hacia todos aquellas personas que me querían, puede ser que debido a que constituyeran las raíces de mi identidad, quién sabe. Fui creciendo sin prisa pero sin pausa, como dice el refrán. El tiempo no pasaba ni rápido ni despacio, creo, sino que fluía sin remedio. Yo realizaba mis cosas sin pensarlas, si bien es verdad, tampoco tenía desarrollado el raciocinio para pararme a reflexionar. Así que dedicaba los días a ir al colegio, comer, jugar y dormir. Esa sí que es una buena infancia, ¿no creen?.
Después llegó la adolescencia. Aquí he cambiado de párrafo para que vayamos diferenciando etapas, que siempre es bueno detenernos y subrayar lo que nos pasa. Pues eso, la fase de las hormonas desbocadas, los inicios en el alcohol y las chicas. Tampoco me detendré demasiado en lo de las chicas, no iba a sacar un gran nota. Lo que si quería hacer constar es que enamorarse es genial, te siente más liviano, más feliz, que en definitivas cuentas es lo único que importa.
Sigamos avanzando. Con los años me he dado cuenta de lo mucho que he cambiado; la escala de valores la he variado no sé cuantas veces, la opinión sobre las cosas, mis dotes sociales... tanto es así, que a veces trato de ponerme en la piel del hombre que era hace 20 años y no me reconozco. Todo muta, se corrompe o crece, la erosión invisible de vivir nos transforma como muñecos de plastilina. Leí una vez que lo peor que le pueda pasar a uno es que todo permanezca estático, que siga persistentemente igual. Puede que esto sea cierto. En fin, me he hecho mayor y pienso cosas demasiado serias. Me casé con la mujer de mi vida, compramos una casa, tuvimos tres hijos e hicimos un montón de cosas que fueron cubriendo los sueños en la trastienda de la memoria. Ese periodo de tiempo pasó volando, absorbido completamente por la placentera rutina del día a día. El ser humano necesita de hábitos y referencias para construir su mundo. A eso he dedicado yo la existencia, a tratar de ser tal y como soy, a colocar las cosas en su sitio y que todo lo que era fundamental en mí siguiera indemne, protegido.
¡Ay!, ahora me queda ya tampoco. Me han dicho que solo me restan unos cuantos meses de deterioro progresivo hasta que me apaguen las luces. En fin, teniendo en cuenta que tengo ochenta y cinco años, no está mal. A decir verdad estoy cumplido. Me ocurre algo similar a lo que siente el escalador que asciende la empinada pared de una montaña, y llega a la cima con la sensación indestructible de que nadie le podrá arrebatar ese momento de plenitud única. Algo así siento yo; haber alcanzado esta meta permite que ese pedazo de ilusión que ha sido nacer y morir por estos lares con las cuentas saldadas y las ilusiones medianamente cumplidas nadie pueda quitármelo. Ya sólo me queda despedirme, decir adiós poco a poco. Bueno, nada más, que seáis muy felices.
lunes, 18 de enero de 2010
HAITÍ
La vida parece tener mucha importancia en este nuestro primer mundo. Sin embargo, que poco valor guarda en los países más pobres y subdesarrollados. En la actualidad, la dura e inimaginable catástrofe en Haití, ha hecho que vuelva a plantearme donde queda el valor de la existencia, cómo somos capaces de mantenernos al margen y hasta de acostumbrarnos al dolor y la muerte con la que nos bombardea la televisión. Basta con que las cosas se pongan feas para borrar de un plumazo todos los valores que definen la dignidad humana. Al mediodía he escuchado en las noticias que unos bomberos españoles trataban de sacar de las ruinas de uno de los miles de edificios derrumbados a una niña que estaba sepultada bajo el cadáver de su madre, imagino que embadurnada de polvo y agonizante, ya sin hablar porque seguramente habría agotado las fuerzas en gritos desesperados durante horas y horas. En mitad de su labor, cuando casi habían conseguido salvarla, unos agentes de la ONU los obligaron a salir rápidamente de la zona debido a un tiroteo en las cercanías. Los bomberos se marcharon para salvar el pellejo, los de la ONU también, y la niña sigue allí atrapada entre las balas, los cascotes de cemento y el miedo que la invade. ¿no es posible poner freno a tanta locura? Qué difícil es sentirse un hombre cuando el mundo adopta formas tan terribles.
lunes, 11 de enero de 2010
Los Goya
Ya están aquí las nominaciones a los Goya. Todos los años por estas fechas el cine español se viste de gala para premiar las mejores producciones de los últimos 365 días. La academía de cine lleva mucho tiempo intentando hacer del día de los goya un momento de relumbron para que seguidamente tenga trascendencia a nivel comercial. La formula escogida para alcanzar esta meta ha sido, en mayor o menor medida, imitar el glamour y espectáculo (fanfarría) yankie. Claro que, disponiendo de una millonisima parte del dinero de los norteamericanos, dificilmente podemos equiparanos con ellos. Pienso que el camino a seguir debe ser otro. Inicialmente sería primordial solucionar los problemas intrinsecos que arrastra nuestro cine desde tiempos inmemoriales: primero, que las cintas verdaderamente buenas e interesantes se contaban con los dedos de una mano, y segundo, que todas ellas se reducían al típico melodrama o a la comedia de enredo. Evidentemente, el que lea esto entendera que hay honrosas excepciones.
Así que, hecha la puntualización, vayamos al tema en cuestión. En esta ocasión las nominaciones realizadas, por cierto, con desparpajo por el bueno de Alex de la Iglesia, desdicen todo lo expuesto en el parrafo anterior. Esta vez si tengo buenas vibraciones. Por ejemplo, las cuatro cintas que optan a la mejor película, de entrada, abarcan géneros de todo tipo e historias interesantes. En mi quiniela personal, destaco a dos por encima del resto, a saber: Celda 211, propuesta atrayente, tensa, divertidak bien estructurada, y sobre todo, como baluarte principal, la presencia de Luis Tosar en estado de gracia. Y por otro lado, El secreto de sus ojos, la obra de Campanela, una historia de enorme calado, emocionante, de guión complejo y actuaciones soberbias, unas de esas películas que dejan huella. Si tuviera que elegir la mejor, escogería la segunda, y si me preguntais cuál va a ganar os diría que la primera.
Ademas, la ceremonia presentan muchos frentes interesantes con los que disfrutar. El apartado de los actores y actrices. El instante en el que Tosar reciba su goya incuestionable de gran reconocimiento por todos, y en cuanto a las actrices, hay si hay mucha leña que cortar. Las cuatro tienen opciones de llevarselo, pero para mí la interpretación de Rachel Weisz es superior al resto.
Luego, en el resto de goyas también aparecen películas que aun siendo algo inferiores a las principales son valiosas e interesantes. Este es el caso de Gordos y Los abrazos rotos, la gran derrotada de este año. En este sentido, Almodovar tiene que ser consciente que su pelí está por debajo del nivel alcanzado en anteriores filmes. El tema de la animación tambien ha aumentado en calidad, la música de cine y otros apartados técnicos, donde creo que Ágora se llevará la palma serán de enorme interés
En negativo, que de todo hay, dejar constancia que me parece de ignorantes integrales nominar a Soledad Villamil como actriz revelación cuando lleva un montón de años haciendo películas bellísimas como No sos vos soy yo o El mismo amor y la misma lluvia.
Y como colofón la gala. Aquí también tengo puestas ilusiones al ser Buenafuente quien manejará la batuta, para que de una vez por todas la velada de los premios sea un acto divertido y ameno, que cuando termine nos quede el poso de querer ver aquellas películas que nos han presentado tan estupendamente, y no ocurra todo lo contrario, como pasa siempre, que al ser un peñazo de dimensiones desorbitadas, nos conjuremos para no volver a ver otra pelicula española en todo lo que nos quede de vida.
La suerte está echada, sólo me queda decir a modo de conclusión que espero que el cine español siga los derroteros brevemente esbozados: buenos guiones, interpretaciones valiosas, valentía y talento. Nos vemos el 14 de febrero en la ceremonía.
Así que, hecha la puntualización, vayamos al tema en cuestión. En esta ocasión las nominaciones realizadas, por cierto, con desparpajo por el bueno de Alex de la Iglesia, desdicen todo lo expuesto en el parrafo anterior. Esta vez si tengo buenas vibraciones. Por ejemplo, las cuatro cintas que optan a la mejor película, de entrada, abarcan géneros de todo tipo e historias interesantes. En mi quiniela personal, destaco a dos por encima del resto, a saber: Celda 211, propuesta atrayente, tensa, divertidak bien estructurada, y sobre todo, como baluarte principal, la presencia de Luis Tosar en estado de gracia. Y por otro lado, El secreto de sus ojos, la obra de Campanela, una historia de enorme calado, emocionante, de guión complejo y actuaciones soberbias, unas de esas películas que dejan huella. Si tuviera que elegir la mejor, escogería la segunda, y si me preguntais cuál va a ganar os diría que la primera.
Ademas, la ceremonia presentan muchos frentes interesantes con los que disfrutar. El apartado de los actores y actrices. El instante en el que Tosar reciba su goya incuestionable de gran reconocimiento por todos, y en cuanto a las actrices, hay si hay mucha leña que cortar. Las cuatro tienen opciones de llevarselo, pero para mí la interpretación de Rachel Weisz es superior al resto.
Luego, en el resto de goyas también aparecen películas que aun siendo algo inferiores a las principales son valiosas e interesantes. Este es el caso de Gordos y Los abrazos rotos, la gran derrotada de este año. En este sentido, Almodovar tiene que ser consciente que su pelí está por debajo del nivel alcanzado en anteriores filmes. El tema de la animación tambien ha aumentado en calidad, la música de cine y otros apartados técnicos, donde creo que Ágora se llevará la palma serán de enorme interés
En negativo, que de todo hay, dejar constancia que me parece de ignorantes integrales nominar a Soledad Villamil como actriz revelación cuando lleva un montón de años haciendo películas bellísimas como No sos vos soy yo o El mismo amor y la misma lluvia.
La suerte está echada, sólo me queda decir a modo de conclusión que espero que el cine español siga los derroteros brevemente esbozados: buenos guiones, interpretaciones valiosas, valentía y talento. Nos vemos el 14 de febrero en la ceremonía.
martes, 15 de diciembre de 2009
¡Peligro, embarazada!
En el artículo que Manuel Rivas publicó el sábado pasado en el periódico El País criticaba la hipocresía existente respecto al tema de las mujeres embarazadas y, muy especialmente, si estas eran trabajadoras. Aludía al hecho de que el gobierno español diese más ayudas a los coches recién nacidos que a los bebés. Y yo, absolutamente indignado, me pregunté: cuando actualmente los políticos se devanan los sesos y se enfrentan abiertamente por el tema del aborto, dedicando enormes esfuerzos económicos y humanos por colocar el asunto en el lugar que le corresponde, ¿por qué no ponen la atención en cosas que verdaderamente afectan al día a día de muchísimas familias y emplean todo ese esfuerzo para que las mujeres y los hombres que quieran tener un hijo reciban toda la "seguridad social" que merecen?
Tan difícil es planificar medidas que supongan un beneficio real para la gente. Por ejemplo: el dinero destinado al cheque bebé, que habrá supuesto un desembolso enorme con un objetivo más bien inútil, por qué no se destinó a aumentar el número de plazas en guarderías o los meses de baja maternal, siendo así la cobertura del estado minímamente mejor.
Por otro lado, en estos tiempos de discriminación positiva, de Ministerio de Igualdad y de gilipolleces del tipo soy un miembro o una miembra, dónde están las medidas que protejan a la mujer que esté encinta para que no peligre su puesto de trabajo sin que produzca un gasto añadido a las empresas, y después no nos tengamos que llevar las manos a la cabeza por noticias como que tres de cada cuatro mujeres tuvieron problemas en su trabajo.
En general, dicen que España es un país de clase media, el arco de población más maltratado de todos y al que teóricamente debería ir dirigida la legislación vigente. Pues si esto es así, que no vendan castillos de humo, que no se hagan fotos de ministros/as enchaquetados levantando la bandera de la paridad, sino que si verdaderamente quieren que la discriminación positiva tenga calado en el mercado laboral hay que evitar que la maternidad se vea como un hándicap, y así, las mujeres opten a cualquier trabajo en las mismas condiciones que un hombre. El problema radica en que estas actuaciones no generan marketing ni dan titulares rimbombantes en los medios de comunicación.
En fin, después de tanta comedura de olla y tanta impotencia, la conclusión a la que he llegado es que no somos una sociedad tan moderna y avanzada y todavía acumulamos un retraso de treinta años con respecto al resto de Europa. Así que antes de ponernos ninguna medallita nos queda mucha leña que cortar y civismo que aprender.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
"Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca" JOSÉ HIERRO